ENTREVISTA MINUTO COLOMBIA

“Parecía como si estuviese en una zona de guerra”: Marcela Ampudia, habitante de Providencia

En exclusiva para Minuto Colombia Marcela reconstruyó lo que fue vivir el paso del huracán Iota y nos contó cómo viven ahora.
viernes, 27 de agosto de 2021 · 13:53

Marcela Ampudia es una habitante de Providencia que vivió en carne propia el paso del huracán Iota y ha conocido de cerca lo que significó la devastación que este fenómeno natural dejó. Aunque nació en la hermana isla de San Andrés, ha vivido toda su vida en Providencia al igual que su familia, por lo que no solo conoce a fondo sus necesidades, también sus costumbres y tradiciones raizales.

Solo se fue a la Colombia continental para realizar sus estudios en Administración y Gestión Ambiental en la Universidad Piloto de Bogotá y luego estuvo una temporada en Estados Unidos para estudiar Sociología Rural. Gracias a su preparación pudo consolidar un emprendimiento en Providencia, siendo la lideresa y coordinadora de proyectos de una organización que se dedica a la producción pecuaria y agrícola en las islas, la cual tiene como propósito visibilizar y empoderar el trabajo del agricultor, ya que es una actividad poco apoyada por el Gobierno, según cuenta Marcela en entrevista exclusiva para este diario.

Marcela Ampudia, habitante de Providencia.

Como habitante de Providencia exalta que la isla siempre ha estado alejada de la Colombia continental y tiene muchas necesidades que han recibido poca atención del Estado y que aumentaron a causa de la pandemia, pues además se afectó el turismo, su principal actividad económica. Pero, aparte de ello, en esta zona del país por años no ha existido un servicio de agua potable permanente, tampoco un sistema de salud estable, ni un adecuado servicio de alcantarillado, lo que ha hecho que sus habitantes vivieran en condiciones precarias.

Como cada año, en julio de 2020, la isla entró en una nueva temporada de huracanes, sin embargo nunca nadie se imaginó, ni siquiera los expertos, lo que estaría por ocurrir con la llegada del Iota, ya que inicialmente fue solo considerado como tormenta tropical y, cuando aumentó su categoría a huracán, no se alcanzaron a emitir las alertas necesarias para que la población se preparara.

Providencia se sostiene principalmente de las actividades turísticas

Marcela cuenta que solo las personas que tenían acceso a las redes sociales pudieron enterarse, unas horas antes, de que el fenómeno natural había aumentado su agresividad y que pasaría tan cerca de la isla, ya que las autoridades no emitieron ninguna alerta al respecto. Incluso los que llegaron a enterarse de la noticia no se prepararon lo suficiente, pues creían que, como ocurre siempre, el huracán tomaría otro rumbo alejándose del archipiélago.

Pero esto no ocurrió, y pese a que ella sí tomó las precauciones necesarias, muchos habitantes no lo hicieron. De hecho llegó a pensar que podía estar exagerando ya que veía a sus vecinos tranquilos y sin tomar las medidas para la emergencia. Esto sumado a que la mayoría de las viviendas no están hechas de concreto, representaba un mayor riesgo de desastre.

El Iota fue uno de los huracanes más fuertes de la temporada del 2020

El Iota hasta las 6:00 de la tarde del 15 de noviembre se encontraba en categoría 3, pero rápidamente se convirtió en 5, siendo el más fuerte y agresivo en toda la historia del país y aproximadamente a las 4:00 de la mañana del día siguiente pasó a tan solo 12 km de Providencia con vientos de más de 250 km por hora.

De manera preventiva los providencianos acudieron a los espacios que hay destinados en la isla para este tipo de eventos, que son principalmente las iglesias, pero estas fueron las primeras en colapsarse junto con el hospital, por lo que gran parte de la población tuvo que buscar refugio en medio de la tormenta, pues los espacios no se habían preparado adecuadamente porque se creyó que las estructuras iban a soportar y que el Iota no los afectaría tanto.  Aunque los baños se convirtieron en el principal refugio de los isleños, nadie los pudo salvar del horror que vivieron al salir nuevamente a la luz del sol.

La isla estuvo incomunicada por varios días

Marcela cuenta que durante el huracán se escuchaba el viento y todo se oscureció. Se fue la luz y se interrumpieron los servicios de comunicación, además se generó un efecto olla a presión. Sin embargo, solo cuando terminó la tormenta se dieron cuenta de la gravedad de la situación, pues afortunadamente como su casa contaba con la infraestructura adecuada, pese a sufrir algunas afectaciones, pudo soportar la emergencia, y al cerrar puertas y ventanas no se dio cuenta de la devastación, ni escuchó las casas caer, como sí lo vivieron otros pobladores.

“El impacto fue al salir. Al salir y ver que todos los árboles estaban sin una sola hoja. Al ver que el exterior era como una licuadora. Todos los orificios que hubiesen existido en la casa estaban llenos de hojas trituradas (...) Comenzar a mirar las estructuras que había alrededor, ver cómo fueron removidas de lugares a otros tan lejanos. Ir donde el vecino y ver que todo estaba en ruinas”.

El 98% de la infraestructura de Providencia había quedado destruida con el huracán. Las casas, las iglesias, el hospital, el colegio, los supermercados, todo. Pese a lo grave de la emergencia solo dos personas fallecieron.

“Es impresionante ver que no era solo la casa, sino que era toda la isla. Que ya no había iglesia, que ya no había hospital, que ya no había supermercados, que los barcos estaban metidos en lugares que uno nunca hubiese imaginado (…) Parecía como si estuviese en una zona de guerra. Ahí fue cuando salieron las lágrimas”.

Pero además de que la isla no contaba con un refugio para pasar este tipo de emergencias, tampoco estaba preparada para dar atención a los damnificados después, pues nadie sabía adónde acudir, porque simplemente no habían estructuras en pie.

El nivel de destrucción era total. Sus habitantes lo habían perdido todo, no solo sus viviendas, también lo que por muchos años y con esfuerzo habían construido, lo que generó graves afectaciones a nivel mental y emocional. Pero los isleños valoraron, al menos durante los primeros días, que lo más importante era estar unidos y no las pérdidas materiales.

Durante la limpieza se removieron 40 mil toneladas de escombros

Sin embargo, ante las evidentes necesidades que esta situación creó se empezó a generar una disputa, que todavía se mantiene entre algunos pobladores, pues todos quieren tener prioridad y que les garanticen soluciones. Esto debido especialmente a que el presidente Iván Duque prometió reconstruir la isla en 100 días una vez fueran removidos los escombros.  Sin embargo, la realidad era que el nivel de daño era tan grande que este proceso tardaría mucho más. Incluso los expertos aseguran que una población tarda mínimo dos años en recuperarse de un desastre de este tipo, por lo que hacer esa promesa fue muy apresurado.

Durante los primeros días, incluso meses, los pobladores estuvieron recibiendo ayuda humanitaria del Gobierno y otras organizaciones que decidieron apoyar la causa, pero sigue estando latente su principal necesidad, tener donde vivir, pues además ya inició una nueva temporada de huracanes.

Los isleños estuvieron sin servicio eléctrico ni agua potable

Dentro de los aspectos que Marcela considera no fueron tenidos en cuenta, según le manifestó a este diario, están las condiciones físicas y climáticas de la isla, pues está lejos del continente y hay pocos medios de transporte. Adicional a ello, el puerto no tiene la capacidad para recibir grandes cantidades de material, pues no era solo sacar los escombros, también ingresar la mano de obra.

Así mismo, la cultura raizal tiene unas necesidades y particularidades muy definidas. Es una comunidad que por años ha visto afectados sus derechos y que en este momento ha sido exigente para que no solo les den lo justo, sino lo que se merecen y que además los proteja de futuros desastres naturales, lo que también ha generado retrasos en las obras. 

El presidente probablemente no tuvo en cuenta las particularidades de la isla cuando hizo su promesa

Debido a que la reconstrucción ha avanzado muy lentamente, en especial de las estructuras básicas como las viviendas y el hospital, muchos pobladores siguen pasando necesidades y viviendo a la intemperie, pues se le dio prioridad a reconstruir áreas no esenciales como las vías, puentes, entre otros. Esto sumado a que se han empezado a ver intereses políticos que favorecen a unos pocos, según expresa la comunidad, está afectando a los más vulnerables. 

Los mismos retrasos también hicieron que muchos pobladores decidieran no esperar más a tener una casa nueva sino reparar las que habían sido destruidas, en la medida que fuera posible, pero estas no contarán con las medidas antihuracanes que tendrían las nuevas. Lo cierto es que el presidente Iván Duque no logró cumplir su promesa y de las 6.000 familias que se vieron damnificadas con este fenómeno natural, más de la mitad siguen igual que hace nueve meses, sin soluciones a la vista.

Las obras avanzan muy lentamente

De las 1.134 casas que se prometieron, nuevas se han construido 80, reparadas han entregado alrededor de 400 y en relación a las estructuras grandes como el colegio y el hospital, todavía no se han iniciado las obras. Así mismo, no hay albergues, centros comunitarios o cualquier otro espacio para atender este tipo de emergencias en el futuro, y como toda la infraestructura quedó destruida, ni siquiera tienen árboles, la población está completamente desprotegida.

Por eso el llamado de Marcela y el resto de la población es a que el Gobierno se haga cargo de la situación, más que prometiendo, demostrando con hechos los avances, pues es evidente que la reconstrucción tardará mucho más tiempo, pero lo más importante es que se garantice que la isla vuelva a ser segura, habitable, respetando las costumbres y tradiciones raizales, pero sobre todo, que sea sustentable y tenga unas mejores condiciones para que a sus pobladores se les asegure una mejor calidad de vida y así puedan empezar a recuperarse de lo ocurrido, pues hasta hoy, sin tener dónde vivir, ha sido imposible comenzar una nueva historia.

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