ENTREVISTA MINUTO COLOMBIA

“La pandemia nos mostró los vacíos del sistema educativo”: Carolina Latorre

La psicóloga clínica y docente especialista en pedagogía infantil nos habló de las dificultades que se han presentado con las clases virtuales.
martes, 22 de junio de 2021 · 14:27

La llegada de la pandemia tomó a todos por sorpresa y teniendo que adaptarse a los nuevos cambios. La virtualidad se convirtió en la principal herramienta para seguir desarrollando casi todas las actividades, especialmente las académicas. No obstante, para el sector educativo ha sido todo un desafío tener que dejar la presencialidad, por lo que acoplarse a este proceso no ha sido fácil, tanto para los alumnos, como para los docentes.

Los estudiantes, gracias a que cuentan con mayores habilidades para las herramientas tecnológicas lograron ajustarse más fácilmente. Sin embargo, también les tomó tiempo. En el caso de los docentes, muchos tuvieron que “salir de su zona de confort” dice Carolina Latorre, quien además de ser psicóloga, se desempeña como docente y es especialista en pedagogía infantil. Ella asegura que una de las partes más difíciles de este proceso fue, precisamente, la adaptación a la tecnología, ya que “muchos profesionales no contaban aún con la capacitación suficiente para manejar estas herramientas”. Incluso, a algunos la virtualidad los llevó a caer en depresión.

Carolina Latorre, docente especialista en pedagogía infantil.

La pandemia también los hizo tener que establecer vínculos más cercanos con las familias, especialmente con los padres, quienes iban a convertirse en sus principales aliados en este proceso. "Hubo resistencia pero había que enfrentarlo, aunque fuera difícil y estresante", por lo que se requirió de toda la creatividad y disposición de los docentes para que los niños continuaran con su aprendizaje y, como señala la especialista, esta situación los llevó a sacar todo de sí para ponerse al servicio de los estudiantes y sus familias “era servir o servir”.

Pero también había que tener en cuenta las necesidades particulares de cada núcleo familiar, por lo que se tuvo que hacer un trabajo mancomunado para que todos se acomodaran. Las horas de trabajo se multiplicaron, incluso los domingos, porque había que buscar todos los recursos para que se diera continuidad  en el aprendizaje.

Adaptarse a la virtualidad fue un proceso lleno de dificultades.

Aunque la tecnología fue la gran aliada, también fue el principal obstáculo, pues en muchos hogares colombianos simplemente no se cuenta con los recursos para que se puedan ver las clases virtuales. Esto sumado a que la mayoría de las familias están integradas con más de un hijo y, en muchos casos, tienen que estudiar con un solo celular ya que ni siquiera cuentan con computador.

Otra dificultad ha sido la conectividad, por lo que los padres han tenido que buscar todas las estrategias para poder cumplir con las materias, hecho que se presenta tanto en las áreas urbanas como rurales, donde la problemática es mucho más grande. No obstante, esto no solo se ha visto con la pandemia, también antes de ella, pues en las escuelas hacen falta herramientas tecnológicas para poder capacitar a los estudiantes.

En muchos hogares no cuentan con computador para realizar las actividades académicas.

Las horas de estudio se redujeron para que los alumnos lograran estar más concentrados y se dejaban talleres permanentemente, para avanzar en el aprendizaje. Sin embargo, en cada escuela las necesidades son particulares, ya que en muchas zonas del país no hay internet y no pudieron tener clases virtuales; en estos casos solo se veían los temas por medio de talleres, lo que evidencia que al país le hace falta invertir en tecnología, conectividad y educación.

La virtualidad sirvió para no suspender el período escolar pero no reemplaza en ninguna medida la presencialidad, ya que en esta el docente puede acompañar continuamente los procesos particulares de cada niño o niña, mientras que en la virtualidad esta tarea queda relegada a los padres y estos simplemente no cuentan con la capacitación y herramientas para hacerlo, no tienen la pedagogía.

A nivel cognitivo hay un retraso en el aprendizaje, especialmente con los más pequeños, por lo que cuando se vuelva a la presencialidad será necesario retomar algunos temas; pero especialmente abordar las habilidades socioemocionales, para que desde allí, se trabaje la parte cognitiva, pues como dice la profesora “el estudiante aprende más y mejor desde la emoción y la motivación”.

La presencialidad además es necesaria para el estudiante por la importancia de socializar, tanto con sus pares como con el docente, ya que la convivencia también genera un aprendizaje que no se puede tener en lo virtual; además porque el docente al contar con la preparación, cosa que el padre de familia no tiene, puede encontrar las estrategias para enseñar. Esto significa que son espacios necesarios tanto para el aprendizaje, como para el desarrollo socioemocional y cognitivo de cada persona.

El acompañamiento del docente es fundamental en el proceso de aprendizaje.

Teniendo en cuenta precisamente esto, el Ministerio de Salud ha ordenado que el 15 de julio todos los colegios vuelvan a la presencialidad mediante el método de alternancia, lo que significa que las clases virtuales se mantendrán; primero por la exigencia de aforos reducidos, segundo porque algunas familias conviven con población de riesgo y tercero porque será decisión de los padres de familia enviar a sus hijos a los colegios.

Y aunque está claro que lo virtual no remplaza lo presencial, el país no está listo para volver a las aulas. Para Carolina, esta postura tan tajante del Gobierno podría ser más una estrategia para que los docentes no continúen apoyando la protesta social pero, sobre todo, también porque es evidente que el país no cuenta con las condiciones de conectividad necesarias para mantener el 100% de la virtualidad.

En muchas escuelas de zonas rurales ni siquiera se cuenta con electricidad.

Aunque las instituciones volverán bajo la alternancia y con un plan piloto, que por ahora no se sabe cuánto dure, no existen unos lineamientos claros sobre cómo se implementará todo este proceso. De momento, se conoce que los estudiantes trabajarán los proyectos transversales de cada institución y se ha dicho que no se repetirá la clase en la virtualidad. Esto significa que los alumnos que no asistan de manera presencial, desarrollarán los temas que se vean en las aulas por medio de talleres, es decir que no habrá un acompañamiento directo del docente como en el salón de clase.

Las Secretarías de Educación no han dicho qué pasará con los estudiantes que no asistan a clases, ya que los colegios no tienen salas híbridas para dictar los temas en simultáneo; esto sumado a la orden de mantener las aulas con aforos reducidos, significaría que cada grupo de estudiantes irá a clases por periodos de 15 días aproximadamente, de acuerdo al número de personas que haya por salón. Cabe recordar que muchas instituciones tienen hasta 50 alumnos por curso, por lo que todavía no se sabe cuál será el manejo en estos casos.

En los salones los aforos deben ser reducidos.

La falta de claridad deja muchas dudas en el aire y pone de manifiesto, que pese a la necesidad de volver, no están dadas las condiciones; tanto en cómo se verán los temas, como en las adaptaciones físicas que necesitan ser implementadas en las instituciones, pues muchas escuelas cuentan solo con un lavamanos para más de 400 estudiantes y no tienen salones que puedan garantizar la circulación del aire como exige el ministerio, lo que reduce mucho más la disponibilidad de aulas. En este sentido, no todos los colegios tendrían cómo garantizar las medidas de bioseguridad, lo cual ha sido una de las principales exigencias de la Federación Colombiana de Educadores(FECODE) para volver, especialmente en un momento donde la pandemia está siendo inclemente.

Pese a que las directrices no están claras y en muchas instituciones las condiciones físicas tampoco están listas, la orden es volver o volver. Aunque los estudiantes anhelan reencontrarse con sus compañeros y profesores, solo el tiempo revelará los riesgos y consecuencias de hacerlo sin una planeación clara.

Parece que lo único certero es que “la pandemia nos mostró los vacíos del sistema educativo” como argumenta Carolina, vacíos que a largo plazo pueden traer consecuencias aún más nefastas de las que se han visto hasta ahora, por lo que a toda la comunidad educativa no le queda más que seguir esperando a que en algún momento el Gobierno se haga cargo y logre resolverlos.

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