INFORME ESPECIAL

Tras 50 días de paro: cuál fue la influencia de la pandemia en el estallido social

Con la emergencia sanitaria, el 50% de la población colombiana vive en situación de pobreza.
viernes, 18 de junio de 2021 · 11:59

El paro nacional ya cumplió 50 días y, pese a que el Comité Nacional de Paro anunció que de momento no convocará a más movilizaciones masivas, los jóvenes que no se sienten representados por la asamblea continúan en las calles y reclaman por sus derechos y mejores oportunidades.

Se podría decir que este periodo de protestas ha sido el más prolongado en la historia del país, y aunque una parte de la ciudadanía está en contra de estas manifestaciones y han sentido vulnerados sus derechos, principalmente por los bloqueos, la realidad es que al menos el 70% de los colombianos apoyan las manifestaciones, según encuestas.

Así como ha sido el paro más severo y prolongado, también ha sido el más violento, donde no solo se ha evidenciado una represión por parte del Estado, también cómo la fuerza pública ha actuado de manera sistémica para violentar a los manifestantes.

Temblores ONG ha reportado 4.285 casos de violencia policial en el paro

Pero, ¿qué reclaman los manifestantes? Principalmente oportunidades, ya que muchos no solo no logran acceder a educación o salud, tampoco a empleo, pues la situación económica y social en el país cada día va más en deterioro.

Si bien estos problemas ya estaban presentes desde mucho antes de la llegada del coronavirus, la emergencia sanitaria los agudizó, por lo que el estallido social está directamente relacionado con la pandemia.

Para ello, hay que tener en cuenta cifras como que el 50% de la población, según el Dane, vive en situación de pobreza desde que inició la emergencia sanitaria. Esto significa que el 50% de los colombianos se encuentra en unas condiciones realmente injustas y desiguales.

La mayoría de estas familias incluso no tienen con qué comer, si desayunan no almuerzan, o se alimentan una sola vez al día. Esto sumado a que con la pandemia muchos perdieron sus trabajos y, aunque el Gobierno decrete cuarentenas, la gente debe salir a las calles para buscar su sustento.

La economía se desplomó por completo, afecta no solo a los grandes empresarios, sino a todo el sector productivo en general, principalmente a los trabajadores. Con ello, el nivel de desempleo también descendió y muchos, obligados en la necesidad de buscar con qué comer, se rebuscan cómo sobrevivir con empleo informal, lo que no solo no brinda garantías para los trabajadores, sino que además aumenta los contagios por coronavirus, pues no hay cómo controlar los protocolos y medidas de bioseguridad.

El doctor Sergio Isaza, presidente de la Federación Médica Colombiana, señala que la pandemia ha generado un mayor nivel de inconformidad, lo cual provocó un estallido, porque la gente no aguanta más desempleo y pobreza.

Los niveles de deserción escolar también aumentaron desde que inició la epidemia a nivel mundial, por lo que los estudiantes le han exigido al Gobierno matrícula cero, proyecto que se logró implementar en algunas instituciones de manera temporal, pero que debido a la situación necesita ser una política de estado.

Todas estas problemáticas sociales, con las que el país ha batallado durante años, simplemente llegaron a su límite y estallaron en el paro nacional. La gente prefiere salir a marchar y reclamar lo justo, pese a que la pandemia vive su momento más crítico, porque simplemente no hay oportunidades y el Gobierno no escucha.

Los jóvenes que están en las calles y que se autodenominaron “primera línea”, han puesto su pellejo y arriesgado su vida, porque según ellos, a este punto, ya no tienen nada que perder. No hay estudio, no hay empleo, no hay comida, no hay nada.

En Buenaventura y otras regiones, muchos colombianos viven en pobreza extrema

Pero mientras el 50% de la población vive en situación de pobreza, una minoría que lleva el poder y representa los sectores más pudientes del país se niegan a trabajar por la igualdad, pues no en vano Colombia es considerado uno de los países más corruptos del mundo.

Muestra de ello es Providencia, que después de seis meses del paso del huracán Iota sigue destruida. El Gobierno solo entregó dos casas de las 1.834 que prometió. Pero no solo los desastres naturales han destruido poblaciones, también la indiferencia por parte de Estado, pues Chocó y la Guajira, son dos de las regiones más olvidadas por el Gobierno, donde la violencia acaba con la poca vida que queda.

Otro caso es Buenaventura, donde se ubica el puerto más importante del país lo que le genera un gran aporte a la economía nacional y, pese a ello, la población vive en condiciones realmente deplorables.

Si bien todos estos problemas han existido desde mucho antes del coronavirus, la crisis económica que se provocó con su llegada, los hizo más visibles. Por ello, desde la Federación Médica Colombiana e incluso el mismo Comité de Paro han propuesto que una de las alternativas para salir de tanta pobreza y poder controlar el virus es la renta básica, proyecto que aún el Gobierno se niega a aprobar.

Para lograr financiar este proyecto, sería necesario que los sectores más pudientes del país tuvieran que pagar más impuestos bajo un nuevo régimen tributario, que según el Gobierno se establecerá con la reforma tributaria que se presentará ante el Congreso el próximo 20 de julio.

Por ahora no se vislumbran alternativas frente al estallido social, los diálogos con los jóvenes no avanzan, y los que se instalaron con el Comité de Paro se suspendieron, por lo que el pueblo colombiano continúa a la deriva: navega en un barco que aparentemente no tiene capitán.

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